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¡Que viene la Guardia Civil!
Por Luciano Lozano Muñiz

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Cuando un guardia civil nos para en la carretera, la alerta personal se activa; solemos ponernos nerviosos. El temor a la multa y la imagen represora forjada durante el franquismo, que muchos tenemos, nos avisa del "peligro". Hay guardias civiles educados, correctos, simpáticos, intolerantes, cultos, incultos, flexibles, inflexibles, autoritarios, abiertos…
Un día en la carretera de San Bernardino, me salté el stop para incorporarme a la carretera que entra en Espera. Me paró la guardia civil un poco más arriba. Me preguntó uno de los guardias, era delgado y muy correcto, si sabía que me había saltado un stop. Le dije que sí y que pensaba que dadas las características de visibilidad y velocidad por la que se puede circular por la carretera a la que me incorporaba, no paré porque consideraba que un ceda el paso sería lo más indicado, aunque comprendía que mi obligación era pararme de acuerdo al código de circulación. Me contestó que llevaba parte de razón, pero que mientras estuviera el stop, debería de hacerlo. A continuación, me señaló que siguiera la marcha. Le di las gracias por su actitud comprensiva. La lección sirvió, siempre hago el stop. Claro, en otros casos, la única respuesta de los agentes debe ser la sanción. Hay que conocer a los diferentes tipos de conductores. No voy a relatar otro caso que me ocurrió, también cerca de Espera, con otro guardia autoritario e inflexible, aunque la multa al final no tuve que pagarla. Tráfico consideró acertada mi alegación. Además, hace unos años que suelo tener contactos con guardias civiles de paisano debido a las actividades reivindicativas en las que me "meto". Su trato siempre ha sido exquisito, al menos mientras no hay problemas y no se vean obligados a cumplir órdenes, a veces injustas. Con algunos guardias civiles he salido de paseo. Son personas como nosotros, que merecen nuestro respeto y el de las instituciones a las que sirven, lo que quizás no tienen. Está muy claro, no son guardias militares, son guardias civiles. La mayoría son jóvenes que no vivieron la dictadura.

Los guardias civiles son ciudadanos de segunda. La supresión de la jurisdicción militar para los guardias civiles, que incluye penas de prisión, y la regulación del derecho de asociación en la Benemérita, tienen que llevarse a cabo con urgencia. Deberían de depender del Ministerio del Interior. Por otro lado, reciben sueldos muy bajos en comparación con otras policías. No pueden protestar demasiado, se juegan el arresto inmediato. Es decir, la democracia aún no ha entrado en los cuarteles de la Guardia Civil. Decía hace unas semanas el líder de la AUGC en la manifestación de Madrid: "La democracia ha sido negada sistemáticamente al colectivo de trabajadores de la Guardia Civil". Para apoyar sus palabras dio una larga lista de datos referentes a los últimos 10 años: 17.000 bajas psicológicas; 438 suicidios o intentos de quitarse la vida, uno cada diez días, y 356 condenados por tribunales militares, 206 de ellos encarcelados en Alcalá-Meco. La expresión "ciudadanos de segunda clase" fue utilizada por la mayor parte de los que participaron en esa manifestación.

Parece que son los altos cargos de la Guardia Civil los que más se oponen a la desmilitarización del Cuerpo. No quieren perder sus privilegios y su mando indiscutible. José Manuel Sánchez, secretario general del SUP, dijo el día de la manifestación: "Que no nos hablen de patriotismo los que llenan su pechera de medallas y sus bolsillos de dinero". El presidente del Gobierno español retiró las tropas de Irak enfrentándose al presidente de la nación más poderosa del mundo y aún no ha superado la oposición de la cúpula militar que oprime a los guardias civiles. El cambio de ministros en Defensa e Interior no dará a los guardias civiles todos los derechos que merecen, aunque habrá una mejora. Puede que se suprima la jurisdicción militar, pero el cuerpo continuará con su naturaleza militar. La falta de valentía en los nuevos ministros impide que se satisfagan todas sus reivindicaciones, aunque con Bono hubieran sido imposibles las mejoras. Ya veremos cuando se llevan a cabo. Para conseguir todos sus objetivos justos y democráticos, estos profesiones de la seguridad tendrán que luchar e implicar mucho más a la sociedad.

¿Podría escribir un guardia civil este artículo sin temor a un posible arresto o reprimenda de alguno de sus jefes?
  

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