SIERRA DE CÁDIZ Fiestas religiosas(9859 lecturas) 
Celebraciones
patronales y ferias locales jalonan los
pueblos de la comarca
Fernando Sígler La
Sierra de Cádiz está en fiestas en el cambio de estación de verano a
otoño. Celebraciones patronales y ferias
jalonan los pueblos de la comarca . Es un ciclo
festivo que antaño estaba regido por el calendario de las tareas agrícolas
y ganaderas y que en las últimas décadas ha evolucionado hasta
acomodarse al período vacacional actual.
La concentración de este tipo de celebraciones en las fechas veraniegas
-a veces, trasladadas a los fines de semana- ha supuesto una primera
modificación del antiguo calendario festivo religioso que ha ido paralela
a una disminución, desde el punto de vista cuantitativo, de las otrora
numerosas manifestaciones pías. Esta reducción, que arrastra una
disminución de los actos de liturgia regular, no obsta para el
mantenimiento e incluso incremento de las celebraciones en honor de los
patronos "efectivos" de las poblaciones de la Sierra. Así lo
constatan los antropólogos Paloma Falqué Rey y Francisco García Ferrero
en su estudio "Manifestaciones y simbología religiosa en la Sierra de Cádiz",
publicado por el Ministerio de Cultura y referido a los núcleos de
Benamahoma, Benaocaz, El Bosque, Grazalema, Prado del Rey, Ubrique,
Villaluenga y Zahara de la Sierra.
El auge de las celebraciones patronales es interpretado como una respuesta
a la necesidad de "reafirmación de cada comunidad frente a la
progresiva homogeneización cultural en que nos hallamos inmersos". Al
mismo tiempo, las ceremonias vinculadas al ciclo vital mantienen un auge
anejo al arraigo y recuperación de las tradiciones populares.
Lo que podría observarse como un retroceso de la importancia de los
cultos de carácter "oficial" frente al empuje de las actividades en
las que no está bien definida la frontera entre lo religioso y lo pagano,
es extensible, igualmente, al ámbito de las creencias parangonables a una
cultura pseudosupersticiosa. La elevación del nivel cultural general y la
inclusión de estas poblaciones rurales en las coordenadas de los "mass
media" (medios de comunicación de masas) subyacen bajo el paulatino
abandono de las convicciones sobre la existencia de "mediums", el
resucitado de difuntos o las apariciones de santos.
El
carácter popular de las celebraciones religiosas se refleja en la
"relación directa imágenes-devotos", que incluso puede ser
preeminente a la intervención de las autoridades eclesiásticas. Los
donativos de velas, flores y limosnas, el acompañamiento procesional y el
compromiso de cumplimiento de promesas son, entre otras, algunas de las
expresiones de esta concepción no institucionalizada del hecho religioso.
Los investigadores constatan asimismo cierta tensión entre las
comunidades y la Iglesia por la intención de ésta de aplicar los
criterios posconciliares tendentes a reducir los aspectos de parafernalia
que han venido adquiriendo diversas manifestacdiones de devoción popular.
En este sentido, es significativa la supremacía de la devoción popular
en su preferncia hacia los patronazgos "efectivos" frente a los
"oficiales". Éstos, en general, carecen de cultos en las poblaciones
en las que no coinciden con aquéllos, los cuales, sin embargo, gozan de
un profundo fervor comuniario.
En el estudio etnográfico, se insiste en la relación de las fiestas con
el ciclo vital y los fenómenos naturales, lo que confirma el papel de la
naturaleza como referencia originaria o derivada de las diferentes
muestras de devoción. El exorno vegetal a base de juncias del callejero
de Zahara de la Sierra o El Gastor en la celebración del Corpus Christi y
los "monumentos" levantados en la primera población en Semana Santa
que incluyen canarios enjaulados que cantan al Santísimo son ejemplos
significativos.
También se habla de las intervenciones frente a los fenómenos sin
aparente explicación como origen de otras tantas manifestaciones de carácter
religioso, como, por ejemplo, las salidas procesionales de rogativas del
San Antonio de Benamahoma con motivo de las sequías, en las que el santo
es conducido hasta el Nacimiento.
Similar sentido tiene en Villaluenga el culto a la Virgen del Rosario,
que, según la tradición, detuvo en 1926 un desprendimiento de piedras.
La capacidad curativa de enfermedades de la garganta por parte de San Blas
(que en Benaocaz es sacado en paso festivo, en el que la imagen baila al
son de diversas músicas y lleva colgados productos de la tierra) o la
garantía de feliz parto proporcionada por San Ramón Nonato (prácticamente
perdida en Grazalema), así como las intervenciones milagrosas contra las
epidemias como la protagonizada por la Virgen de los Remedios de Ubrique
(cuya comunidad hizo un voto común de fidelidad), son otras de las
creencias que se mantienen en la Sierra.
El
estudio etnográfico señala además que se han abandonado o reutilizado
numerosos lugares tradicionales de culto, así como que un 60% de las
representaciones religiosas existentes aún hoy en día en edificios y vías
públicas no es objeto de culto alguno. Por el contrario, se constata el
mantenimiento de un conjunto de advocaciones no representadas en los
templos, cuyos cultos se relacionan con la resolución de problemas domésticos
(el hallazgo de objetos perdidos, la protección de los devotos que hacían
el servicio militar, la curación de enfermedades), así como la sustitución
de las especializaciones por advocaciones que resuelven problemas más
acuciantes en la actualidad (de ahí la frecuencia de imágenes de San
Pancracio, por la demanda de trabajo). |