BENAMAHOMA Moros y cristianos(5901 lecturas) 
A comienzos de agosto se rememora la lucha de la
cruz frente a la media luna
Pedro
Bohórquez El
aire se llena de olor a pólvora. Entre los trallazos del tiroteo se oyen retazos de una
algarabía. Es la Fiesta de Moros y Cristianos, que cada primer fin de semana de agosto se
celebra en Benamahoma, pedanía de Grazalema. Benamahoma es uno de los 127 pueblos de España
donde se conserva la evocación de la guerra llamada de Reconquista de finales del siglo
XV, que concluyó con la expulsión de los musulmanes por los Reyes Católicos. La
manifestación y el arraigo de esta tradición en Benamahoma no sólo es singular por ser
única en la provincia de Cádiz, sino también por su rareza en Andalucía. Se celebra
también en el pueblo malagueño de Benalauría y en algunos puntos de Las
Alpujarras. La adscripción de los actores a un bando u
otro en este simulacro de lucha entre cristianos y musulmanes está determinada por la
tradición familiar, pero es el capitán de cada "ejército" el que elige a los
contendientes. Quien participa una vez en un bando ya no lo puede hacer nunca en el
contrario. De acuerdo con la tradición, los vestidos como
adoradores de Alá parten con ventaja sobre los cristianos. Desde el día anterior a la
fiesta, el santo patrón del pueblo, San Antonio de Padua, queda en su poder, y son ellos,
los moros, quienes comienzan custodiándolo. La imagen del santo queda detrás de las
filas moras y, frente a éstas, avanzan los cristianos. Al día siguiente, tras cada una
de las "efusividades" campales entre los bandos enfrentados, se intercambian las
posiciones. La ventaja se va repartiendo equitativamente, y la victoria final está
reservada a los cristianos.

Con los primeros trallazos se dejan oír los
primeros insultos, los primeros retos verbales intercambiados entre moros y cristianos.
"Sinvergüenza" -puede gritar un moro a un enemigo de su religión. Un
cristiano puede rematar un ripio desafiante con esta lindeza:
"Te vas a hartar de
carne sin hueso."
La réplica del moro concluye con otra perla lírica:
"Benamahoma es tierra mora y se puede justificar. Tiene cavidades muy profundas con muchos siglos de antigüedad y si alguno viene a estropearla se puede equivocar porque con el filo de mi espada lo que cuelga se lo voy a cortar".
Entre trabucazo y trabucazo los
"combates" cuerpo a cuerpo se suceden. Cada secuaz de un bando se empareja con
otro de la hueste contraria. Las parejas inician un forcejeo, se sacuden y desgarran las
vestimentas (trajes de cruzados, los cristiano, y chilabas y fes, los moros; con un
rasgo común: ambos son de pura lana). Terminan rodando por el suelo en un abrazo que
parece interminable. En términos casi idénticos la escena se sucede una y otra vez en
una hora y media de enfrentamiento que enzarza a moros y cristianos en el recorrido de la
procesión del patrón San Antonio de Padua, desde la pequeña ermita dedicada al santo,
que se halla en el centro del pueblo, hasta el "Nacimiento" del río, pasando
por la calle Real.

Junto al "Nacimiento" se produce la
escaramuza definitiva, la que da la victoria a los seguidores de la Cruz. Los cristiano se
yerguen y posan victoriosos un pie sobre el pecho del enemigo tumbado y la espada
apuntándole al cuello. El capitán cristiano llega a simular la castración del capitán
moro. Después, un bando arrastra al otro hasta el nacimiento del agua, donde todos
disuelven polvo y sudor, hasta que nuevamente al año siguiente los de la Media Luna
mantengan la hegemonía por un día.
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