VILLALUENGA 520 años del saqueo y quema de la villa musulmana(3942 lecturas) 
Fernando
Sígler Hace
520 años la villa musulmana de Villaluenga
fue la víctima de una de las acciones bélicas
desarrolladas en la frontera nazarí desencadenantes
de una espiral de enfrentamientos que pusieron
fin a un sexenio de treguas durante el cual
las comunidades cristiana y musulmana de
ambos lados de la raya mantuvieron un clima
de convivencia apenas alterado. Este
período de paz, prolongado de 1475 a 1481,
no era incompatible con efímeras incursiones
de una y otra parte para la captura de ganado,
al final de las cuales las autoridades de
cada lado solían ordenar la devolución de
lo tomado e imponer penas a los transgresores
de las paces. No obstante, las treguas
oficiales se quebraron definitivamente con
ocasión de los sucesos bélicos acontecidos
en la Serranía de Villaluenga en noviembre
de 1481. En aquella fecha, caballeros y
peones de Jerez se sumaron, junto con personal
de a caballo y de a pie de Sevilla y de
poblaciones cercanas a la frontera, al contingente
militar organizado por el conde de Arcos
y marqués de Cádiz, Rodrigo Ponce de León,
y el asistente sevillano, Diego de Merlo,
para preparar una operación de castigo contra
los nazaríes del sector más occidental del
reino granadino. El pretexto en el que
el marqués se basó para justificar la organización
de estas huestes era la necesidad de dar
respuesta a una de aquellas correrías protagonizadas
supuestamente por musulmanes de la Serranía,
como consecuencia de la cual le fue arrebatado
un número indeterminado de cabezas de ganado
en una acción en la que también fueron hechos
prisioneros vasallos suyos. En realidad
dicha correría la hicieron "gandules"
o "almogávares" (grupos muy diestros
dedicados a hacer "prendas" en
territorio enemigo), de cuyas acciones no
se hacían responsables las autoridades musulmanas
de la Serranía. Una fuente favorable
a Ponce de León, la "Historia de los
hechos del marqués de Cádiz", expresa
que estando éste en el año 1481 "en
la su cibdad de Arcos, los moros, estando
muy sentidos de las cosas pasadas, non curaban
de guardar la tregua; antes cada día entraban
almogávares, e llevaban prisioneros e ganados,
e aun llevaron las acémilas e acemileros
suyos del marqués". La misma fuente
dice que el caballero frontero tuvo por
ello "grande enojo, e determinó en
su voluntad de los facer cuanto daño pudiese
[a los sarracenos], de manera que lo sintiesen
bien". El que los musulmanes de
la Serranía estuvieran "muy sentidos
de cosas pasadas" se debía a que en
los años anteriores habían sido víctimas
de acciones bélicas en las que tuvieron
un papel activo caballeros jerezanos: la
pérdida de Cardela (el 12 de octubre de
1472), recuperada por los nazaríes al año
siguiente, tras un intento frustrado en
diciembre de 1472; el saqueo de Garciago
(del 25 al 27 de octubre del mismo año);
el robo efectuado entre Cardela y Grazalema
por huestes de Jerez dirigidas por el corregidor
Juan de Robles en mayo de 1478, en plena
época de tregua, de quinientas cabezas de
ganado que el señor de Zahara, Fernán Arias
de Saavedra, había quitado al regidor jerezano
Juan Riquel -hombre de confianza del marqués
de Cádiz- y que había vendido a los musulmanes...
Estas actuaciones pusieron de manifiesto,
según el profesor Federico Devis, el grado
de vulnerabilidad que llegó a tener la Serranía
de Villaluenga en aquellas fechas.
La
última correría, hecha por huestes jerezanas
en época de tregua fue considerada, a ojos
de un comisionado del rey castellano, una
violación de las paces, por lo que se ordenó
la liberación de los musulmanes cautivos
en aquella acción y la devolución del ganado
capturado. Para responder a la correría
mora de 1481, el marqués promovió la creación
de un potente contingente armado. La crónica
de Hernando del Pulgar dice que para llevar
a cabo la operación de castigo se organizó
un ejército de tres mil peones y ochocientos
caballeros. La "Historia de los hechos
del marqués de Cádiz" reduce las cifras
a mil peones y setecientos caballeros, gran
número de ellos procedentes de Jerez. Ponce
de León envió algunos criados suyos a la
Serranía para que "tentasen si podría
haber lugar de robar a Villaluenga",
como dice la historia de sus hechos. Estos
criados, entre ellos un musulmán luego convertido
al cristianismo con el nombre de Luis de
León, informaron a su señor de que "se
podía facer, aunque fuese a gran trabajo
y peligro, por ser aquella villa como es
entre dos sierras muy ásperas, e tener a
la entrada un puerto muy agro de pasar".
El marqués decidió poner en marcha la operación
militar. A principios de noviembre de 1481
se presentaron sus huestes a media legua
de Villaluenga. Las crónicas de la época
refieren que los moradores de este lugar,
al percatarse de la amenaza, se lanzaron
a la sierra, llevando consigo "lo mejor
que tenían" y dando la alarma a los
demás enclaves de la comarca. Dice Hernando
del Pulgar en su Crónica de los Reyes Católicos:
"Cuando el marqués llegó, començóse
a robar el lugar, en el cual hallaron muchas
joyas e preseas de casa de gran valor e
muchos ganados de vaca e bueyes, ovejas
y cabras; e hallaron veinte cristianos cabtivos
que habían quedado en los çepos". La
propia "Historia de los hechos del
marqués" expresa que fue éste quien
"mandó luego que le pusiesen fuego
por diversas partes". Tras la quema
de Villaluenga, en la retirada del contingente
castellano se produjo la muerte de varios
musulmanes y de un destacado caballero jerezano,
Pedro Núñez de Villavicencio. Éste, veinticuatro
del Cabildo de Jerez, "se quiso aventajar
tanto que fue herido de una saeta".
El Cabildo de Jerez propuso a los Reyes
el 10 de noviembre de 1481 la concesión
de la merced de veinticuatro al hijo del
fallecido, Pablo Núñez de Villavicencio. Esta
pérdida para las huestes del marqués de
Cádiz la quiso vengar éste con un ataque
inmediato a la principal ciudad musulmana
del sector occidental del reino nazarí,
Ronda. La asedió durante tres días y logró
derribar la llamada torre del Mercadillo,
situada a la entrada. Pero hubo de retirarse
al no conseguir rendirla. Las consecuencias
de esta operación de castigo fue el encadenamiento
de una espiral de enfrentamientos. Unas
semanas después del saqueo de Villaluenga,
los musulmanes fronteros asaltaron y se
hicieron con el control de la plaza de Zahara,
en diciembre de 1481. Para muchos este episodio
suponía el comienzo de las hostilidades
finales que terminaron en 1492 con la rendición
de Granada. Pero, como afirma el profesor
Ladero Quesada, "la guerra estaba decidida
desde meses atrás" de la toma de Zahara
y de la quema de Villaluenga. Esta certidumbre
de que la guerra definitiva contra los nazaríes
estaba decidida por las altas instancias
políticas castellanas explicaría la decisión
de los nobles andaluces y las milicias concejiles
sevillana y jerezana de acometer las operaciones
de castigo en el sector occidental del dominio
musulmán.
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