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VILLALUENGA
520 años del saqueo y quema de la villa musulmana

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Rincon de Villaluenga del Rosario. Foto: JUANDEFernando Sígler
Hace 520 años la villa musulmana de Villaluenga fue la víctima de una de las acciones bélicas desarrolladas en la frontera nazarí desencadenantes de una espiral de enfrentamientos que pusieron fin a un sexenio de treguas durante el cual las comunidades cristiana y musulmana de ambos lados de la raya mantuvieron un clima de convivencia apenas alterado.
Este período de paz, prolongado de 1475 a 1481, no era incompatible con efímeras incursiones de una y otra parte para la captura de ganado, al final de las cuales las autoridades de cada lado solían ordenar la devolución de lo tomado e imponer penas a los transgresores de las paces.
No obstante, las treguas oficiales se quebraron definitivamente con ocasión de los sucesos bélicos acontecidos en la Serranía de Villaluenga en noviembre de 1481. En aquella fecha, caballeros y peones de Jerez se sumaron, junto con personal de a caballo y de a pie de Sevilla y de poblaciones cercanas a la frontera, al contingente militar organizado por el conde de Arcos y marqués de Cádiz, Rodrigo Ponce de León, y el asistente sevillano, Diego de Merlo, para preparar una operación de castigo contra los nazaríes del sector más occidental del reino granadino.
El pretexto en el que el marqués se basó para justificar la organización de estas huestes era la necesidad de dar respuesta a una de aquellas correrías protagonizadas supuestamente por musulmanes de la Serranía, como consecuencia de la cual le fue arrebatado un número indeterminado de cabezas de ganado en una acción en la que también fueron hechos prisioneros vasallos suyos. En realidad dicha correría la hicieron "gandules" o "almogávares" (grupos muy diestros dedicados a hacer "prendas" en territorio enemigo), de cuyas acciones no se hacían responsables las autoridades musulmanas de la Serranía.
Una fuente favorable a Ponce de León, la "Historia de los hechos del marqués de Cádiz", expresa que estando éste en el año 1481 "en la su cibdad de Arcos, los moros, estando muy sentidos de las cosas pasadas, non curaban de guardar la tregua; antes cada día entraban almogávares, e llevaban prisioneros e ganados, e aun llevaron las acémilas e acemileros suyos del marqués". La misma fuente dice que el caballero frontero tuvo por ello "grande enojo, e determinó en su voluntad de los facer cuanto daño pudiese [a los sarracenos], de manera que lo sintiesen bien".
El que los musulmanes de la Serranía estuvieran "muy sentidos de cosas pasadas" se debía a que en los años anteriores habían sido víctimas de acciones bélicas en las que tuvieron un papel activo caballeros jerezanos: la pérdida de Cardela (el 12 de octubre de 1472), recuperada por los nazaríes al año siguiente, tras un intento frustrado en diciembre de 1472; el saqueo de Garciago (del 25 al 27 de octubre del mismo año); el robo efectuado entre Cardela y Grazalema por huestes de Jerez dirigidas por el corregidor Juan de Robles en mayo de 1478, en plena época de tregua, de quinientas cabezas de ganado que el señor de Zahara, Fernán Arias de Saavedra, había quitado al regidor jerezano Juan Riquel -hombre de confianza del marqués de Cádiz- y que había vendido a los musulmanes... Estas actuaciones pusieron de manifiesto, según el profesor Federico Devis, el grado de vulnerabilidad que llegó a tener la Serranía de Villaluenga en aquellas fechas.

Rincon de Villaluenga del Rosario. Foto: JUANDELa última correría, hecha por huestes jerezanas en época de tregua fue considerada, a ojos de un comisionado del rey castellano, una violación de las paces, por lo que se ordenó la liberación de los musulmanes cautivos en aquella acción y la devolución del ganado capturado.
Para responder a la correría mora de 1481, el marqués promovió la creación de un potente contingente armado. La crónica de Hernando del Pulgar dice que para llevar a cabo la operación de castigo se organizó un ejército de tres mil peones y ochocientos caballeros. La "Historia de los hechos del marqués de Cádiz" reduce las cifras a mil peones y setecientos caballeros, gran número de ellos procedentes de Jerez.
Ponce de León envió algunos criados suyos a la Serranía para que "tentasen si podría haber lugar de robar a Villaluenga", como dice la historia de sus hechos. Estos criados, entre ellos un musulmán luego convertido al cristianismo con el nombre de Luis de León, informaron a su señor de que "se podía facer, aunque fuese a gran trabajo y peligro, por ser aquella villa como es entre dos sierras muy ásperas, e tener a la entrada un puerto muy agro de pasar". El marqués decidió poner en marcha la operación militar. A principios de noviembre de 1481 se presentaron sus huestes a media legua de Villaluenga. Las crónicas de la época refieren que los moradores de este lugar, al percatarse de la amenaza, se lanzaron a la sierra, llevando consigo "lo mejor que tenían" y dando la alarma a los demás enclaves de la comarca.
Dice Hernando del Pulgar en su Crónica de los Reyes Católicos: "Cuando el marqués llegó, començóse a robar el lugar, en el cual hallaron muchas joyas e preseas de casa de gran valor e muchos ganados de vaca e bueyes, ovejas y cabras; e hallaron veinte cristianos cabtivos que habían quedado en los çepos". La propia "Historia de los hechos del marqués" expresa que fue éste quien "mandó luego que le pusiesen fuego por diversas partes". Tras la quema de Villaluenga, en la retirada del contingente castellano se produjo la muerte de varios musulmanes y de un destacado caballero jerezano, Pedro Núñez de Villavicencio. Éste, veinticuatro del Cabildo de Jerez, "se quiso aventajar tanto que fue herido de una saeta". El Cabildo de Jerez propuso a los Reyes el 10 de noviembre de 1481 la concesión de la merced de veinticuatro al hijo del fallecido, Pablo Núñez de Villavicencio.
Esta pérdida para las huestes del marqués de Cádiz la quiso vengar éste con un ataque inmediato a la principal ciudad musulmana del sector occidental del reino nazarí, Ronda. La asedió durante tres días y logró derribar la llamada torre del Mercadillo, situada a la entrada. Pero hubo de retirarse al no conseguir rendirla.
Las consecuencias de esta operación de castigo fue el encadenamiento de una espiral de enfrentamientos. Unas semanas después del saqueo de Villaluenga, los musulmanes fronteros asaltaron y se hicieron con el control de la plaza de Zahara, en diciembre de 1481. Para muchos este episodio suponía el comienzo de las hostilidades finales que terminaron en 1492 con la rendición de Granada. Pero, como afirma el profesor Ladero Quesada, "la guerra estaba decidida desde meses atrás" de la toma de Zahara y de la quema de Villaluenga. Esta certidumbre de que la guerra definitiva contra los nazaríes estaba decidida por las altas instancias políticas castellanas explicaría la decisión de los nobles andaluces y las milicias concejiles sevillana y jerezana de acometer las operaciones de castigo en el sector occidental del dominio musulmán.

  

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