SIERRA DE CÁDIZ Pitt-Rivers: una visión antropológica de la Sierra de Cádiz desde Oxford(4849 lecturas) 
El
investigador inglés hizo hace medio
siglo su trabajo de campo en la Ribera de
Gaidóvar
Fernando
Sígler
El intento de interpretar las claves sobre las que descansaba el sistema
de relaciones de una comunidad de la Andalucía rural de posguerra debió
parecer, a ojos de la Antropología occidental coetánea, todo un reto, al
producirse una traslación de las tradicionales áreas objeto de estudio
-las de los pueblos primitivos-. El libro de Pitt-Rivers, publicado por
primera vez en inglés en 1954, traducido al castellano en 1971 con el título
de "Los hombres de la Sierra" y reeditado en 1989 como "Un
pueblo de la sierra: Grazalema", pudo considerarse así, una de las
priemras monografías de Antropología Social española -salvando algunos
precedentes, como el de Caro Baroja-, realizada con una metodología
distinta a las utilizadas en los libros de viajes. El antropólogo de Oxford permaneció en Grazalema
entre 1949 y 1952, y aunque no pudo evitar ser considerado un espía por
los lugareños -"¿que otra cosa podría ser un extranjeros, un inglés,
en un pueblo perdido de la Sierra en aquella época?", comenta irónico-,
su pretensión fue vivir como un miembro más de la comunidad. Llegó a Sevilla en el invierno de 1948-49, y fue su
interés por el estudio del anarquismo lo que le hizo situarse en la
serranía de Ronda. El verano siguiente se trasladó a la Ribera de Gaidóvar
de Grazalema, donde -explica Pitt-Rivers- "las largas veladas de
invierno pasadas con unos cuantos hombres viejos me proporcionaron la
mayor comprensión del movimiento anarquista". Considerada un estudio clásico, la obra "Un
pueblo de la sierra: Grazalema" (una interpretación de la
cultura tradicional andaluza hecha por el investigador inglés en plena
dictadura) ha tenido alguna devastadora crítica, tal vez por la visión
excesivamente academicista del conflicto entre la comunidad local y las
instituciones del Estado, principal objeto de atención para Pitt-Rivers.
Su tesis la resume afirmando que existía en Grazalema "una tensión
estructural entre las sanciones que proceden de la comunidad local y las
que proceden del Gobierno central del país, que corresponde a un
conflicto entre los valores de autoridad y los de igualdad". Esta
idea se desarrolla en función de su concepto de "pueblo", que
posee una "unidad moral", como "comunidad altamente
centralizada", en la que "no hay orden de precedencia de un tipo
de status sobre otro", y cuyas instituciones "están en oposición
a los poderes exteriores al pueblo": burla frente a las sanciones de
la ley; contrabando frente al control legal; bandoleros frente a guardia
civil; curanderos frente a médicos; sabias en lugar de sacerdotes. La
tensión entre comunidad y Estado sólo es mitigada por un grupo dirigente
mediante la institución del clientelismo. De este discurso se deriva una peculiar interpretación
del movimiento anarquista, producto, en gran medida, según él, de la
disociación en los valores del pueblo, una vez que "el poder que el
Estado abandona no es traspasado al pueblo, sino a sus servidores en el
pueblo", y facilitado "ya sea por la escasez de guardias
civiles", ya por su difusión a través de la red del contrabando. Es
precisamente su concepción del anarquismo como "creencia
milenarista" la que ha suscitado las críticas más implacables,
entre ellas la de Ginés Serrán Pagán, para quien Pitt-Rivers planteó
el anarquismo como "axioma que no necesita demostración" y la
unidad social como un esquema de "modelos ideales y formas estáticas,
muy lejos de la realidad social de Grazalema". Serrán critica tanto
la sobrevaloración que Pitt-Rivers hizo del anarquismo, "que no fue
-contra lo que él deduce- el movimiento ideológico general del
pueblo", como la ausencia de un estudio de la sociedad grazalemeña
"en términos de desigualdades económicas y políticas
internas" y de las causas del fenómeno anarquista.

"Muchos lectores me han criticado por no haber
dicho muchas cosas -declaró Pitt-Rivers en 1989 con motivo de la
presentación en la Universidad de Sevilla de la reedición de su libro-.
Pero ya había dicho muchas cosas con una discreción que no he visto
reconocida. Por ejemplo, un compatriota mío dijo que yo había escondido
el hecho de que Grazalema fue el centro del anarquismo, y yo averigüé
que lo había escrito unas doce veces en el libro, pero él no se
contentaba; quería que hiciera declaraciones contra Franco. Pero mi
discreción se debía a que quería seguir trabajando en Grazalema y no
quería ser tratado como 'persona non grata' después de publicar el
primer libro". Sus teorías sobre el anticlericalismo no se vieron
culminadas en la obra reeditada: "Yo tenía intención de publicar un
segundo libro, sobre la religión y el anarquismo y, claro, durante el
tiempo de Franco no lo podía publicar. Entonces pensaba, como todo el
mundo, que cinco años más y a lo mejor el régimen cambiaba, pero ocurrió
que duró hasta cuando sabemos...". Y reconoce que ha tenido que
abandonar el proyecto, "porque -añade-, aunque he escrito algunas
cosas, no sé si voy a sacarlas a la luz. Cuando uno ha pasado tantos años
sin trabajar sobre estos temas cuesta mucho recordar todo lo que sabía en
aquel momento". Pitt-Rivers afirma: "Para mí, lo importante fue
tratar el anarquismo como una escisión en la cultura, en los valores del
pueblo, pero sobre todo, como un movimiento anticlerical, en contra de la
Iglesia, pero con una base en la cultura popular de la región, y, a mi
entender, no se puede entender el anarquismo sino en relación con la
religión". A pesar de la disparidad de criterios que ha
despertado, "Un pueblo de la sierra: Grazalema" se ha situado,
en cierto modo, por encima del debate historiográfico, y su lectura se ha
convertido en un placer -y no sólo para los conocedores de la geografía
que refleja-, por las sugerencias que se derivan de su acercamiento a fenómenos
estructurales a través de la cotidianidad, el habla, el vestido, las
costumbres, el noviazgo, las relaciones de autoridad o el papel de los
apodos y de las "sabias". Las anécdotas ilustrativas de sus
observaciones amenizan una, de por sí, ágil escritura, ante la que la
identificación del andaluz puede prescindir de la coincidencia en sus
postulados. La riqueza de lo que se nos cuenta se ha hecho ya historia,
porque medio siglo después "el pueblo de la Sierra ya no es el mismo
pueblo".
Más información:
PITT-RIVERS,
Julian: Un
pueblo de la sierra: Grazalema. Madrid. 1989 (disponible en Aznalmara)
Revista
Papeles de Historia nº 3.
Ubrique. 1994. (disponible en Aznalmara) |
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