PRADO DEL REY Los difíciles comienzos de una colonia carolina(3069 lecturas) 
La actual población nació en el siglo XVIII en unas
dehesas pertenecientes entonces a los Propios de Sevilla
Fernando
Sígler
Los orígenes del actual municipio de Prado del Rey están relacionados
con un asentamiento de colonos promovida en la época de Carlos III en dos
dehesas entonces pertenecientes a los propios de Sevilla. Fue el asistente del
Cabildo de Sevilla e intendente de Andalucía, Pablo de Olavide, quien en una
propuesta elevada al monarca para propiciar el desarrollo del sector agrícola
en la región, sugirió la fundación de dos nuevas colonias en las cercanías
de Villamartín, en el marco de un amplio plan de colonización de Sierra Morena
y Andalucía. Merced a una real provisión, fechada el 29 de abril de 1768, en
las dehesas de Prado del Rey y Armajal, se
instalaron 189 colonos procedentes de la serranía de Grazalema y Ronda. A estos
asentados (conocidos como "pobladores") se les distribuyeron lotes de tierra
de una media de 36 fanegas por familia, a cambio del pago de un canon,
consistente en la octava parte de la cosecha.
En sus comienzos, el poblamiento se desarrolló con notables dificultades
económicas y la oposición política de sectores contrarios a esta iniciativa
ilustrada. Pese a ello, los pobladores, lograron hacerse acreedores del derecho
a desarrollar su vida en este nuevo paraje. El resultado, más de dos siglos
después, es una localidad de habitantes emprendedores.
Un asentamiento con deficientes
resultados económicos.-
El establecimiento de colonos en 1768 en las dehesas de Prado del Rey y Armajal,
en terrenos pertenecientes entonces a los propios de la ciudad de Sevilla, en la
actual provincia de Cádiz, se entendió como una de las iniciativas
gubernamentales puestas en práctica para fomentar una clase media agrícola
capaz de promover una modificación en el sistema de economía cerrada del
Antiguo Régimen. Sin embargo, los deficientes resultados económicos de la
producción agrícola durante los primeros años parecieron constituir un
argumento implacable en manos de los sectores contrarios a este tipo de
proyectos innovadores.
Esta impresión puede obtenerse del análisis de diversos expedientes guardados
en el Archivo Municipal de Sevilla, de entre los que sirve de ejemplo una
documentación fechada en 1772, que contiene todo un estudio de la evolución
económica de Prado del Rey durante sus tres primeros años de desarrollo. Dicho
estudio sirvió de base para una descalificación del proyecto colonizador.
Sobre él se apoyaba una argumentación teórica reaccionaria, en un sentido
histórico de oposición a la alienación de tierras para su reparto a colonos
desfavorecidos.
Efectivamente, en abril de 1772, con una perspectiva de casi cuatro años desde
la fundación de Prado del Rey, el contador mayor del Cabildo de Sevilla e
interventor mayor de propios y arbitrios, Juan José Bulnes, exponía toda una
relación de los perjuicios que el nuevo sistema de explotación de las tierras
había ocasionado a los caudales públicos así como a los colonos. Se argüía,
en primer lugar, la existencia de una serie de deficiencias formales en la
presentación de las cuentas por parte del subdelegado de la nueva población,
Casimiro de Angulo. Los reparos puestos por Bulnes consistían en "no venir
los pliegos de gastos firmados (...) cuya explicación es efecto de falta de práctica
en asuntos de esta clase; pues si la tuviera -continuaba el informe- conocería
que la firma en la cuenta es la principal formalidad, y sin ella una relación o
nota simple (...) ni merece fe, ni debe admitirse en particulares, que han de
llevar arreglo y método". Además se decía que en determinadas partidas de
las cuentas se plasmaba una cantidad superior a la justificada y errores en
sumas y fechas, e incluso se acusaba al subdelegado de inexactitudes en la
contabilización de los colonos que satisfacían el pago de sus cuotas.
Los reparos de Bulnes, sin embargo, iban
mucho más allá, al exponer las pérdidas económicas que se habían producido
en los primeros ejercicios. El contador sevillano verificaba que el perjuicio
causado a los caudales públicos por el establecimiento de los colonos de Prado
del Rey y Armajal ascendían en dos años y medio (es decir, hasta finales de
1770) a 228.343 reales y 17 maravedíes, lo que equivalía a una media de 91.337
reales de pérdida anual, "sin que pueda haber esperanza de más aumento". A
explicación de estos resultados residía en que las tierras de siembra eran
"flojas, no capaces de resistir muchas sementeras continuas", como la
experiencia había acreditado en este corto tiempo, en el que "cada año ha
sido menor la cuota", lo que permitía augurar que "será cada día mayor el
atraso". Además, los terrenos de arboleda no se explotaron convenientemente,
según el contador. Éste atribuía al sistema del reparto de terrenos a los
colonos la causa del fracaso en la productividad del terreno arbóreo. Con
respecto a estas tierras Bulnes consideraba "lastimoso recordar su estado;
ellas eran de las mejores que la naturaleza producía en su especie: se hallaban
en arrendamiento, cuidadas y conservadas", pero -añade- "luego que
entraron los colonos, a quines se les dieron sin la menor cuenta y razón,
empezaron a destruirlas cortando a su antojo cuanto necesitaron para labrar
chozas, casas y demás de su avío y también para hacer hornos de carbón,
viguería, carretas, arados y otras cosas con que abastecieron la comarca,
vendiendo grandes porciones y utilizándose extraordinariamente con un
imponderable perjuicio sin haber quien los reemprendiese ni estorbase semejantes
atentados, para lo cual no había disculpa, pues -apostilla- aunque pudieron
darla diciendo (que) era por beneficiar y poder laborar sus tierras (que ni aun
en este caso debían hacerlo sin las correspondientes y debidas licencias,
quedando a beneficio de los Propios lo que resultase de las cortas), no fue así".
El "fracaso" económico de las nuevas colonias, apenas dos años y medio
después de su fundación, parecía evidente, a ojos del representante del
Cabildo de Sevilla. Las cifras ofrecidas por Bulnes, desglosadas por ejercicios,
se expresa en el siguiente cuadro:
|
Años
|
>Canon
|
Beneficio
venta bellota
|
Coste
de recolección
|
Pérdida
|
|
1768
|
65.220 r 15 mr
|
8.615
r 17 mr
|
|
56.604
r 32 mr
|
|
1769
|
46.647
r 05 mr
|
15.000
r 00 mr
|
5.660
r 26 mr
|
74.454
r 17 mr
|
|
1770
|
31.824
r 11 mr
|
8.300
r
|
6.968
r
|
97.284
r 19 mr
|
[Las
pérdidas se calculan restándole al valor constante del arrendamiento anual
(130.440 r y 30 mr) la resultante de la suma del canon anual y el beneficio de
la venta del fruto de la bellota, menos el costo de recolección.]
Fuente: Archivo Municipal de Sevilla, 11ª, 56/29, f 2v
A partir de estos datos, Bulnes pretendió
invalidar el proyecto colonizador, que "se concibió (como) un medio de
ventaja a los caudales públicos respecto a la situación que iban a tomar las
tierras". Pero pese a haberse creído que era beneficioso para el Estado, los
caudales públicos y los propios colonos, "la experiencia ha acreditado -decía
Bulnes- que este pensamiento, justamente fundado bajo aquellas reglas [en
referencia a las condiciones propuestas para el establecimiento de la nueva
población], no ha correspondido al hecho en ninguna de sus tres partes ni puede
jamás corresponder a alguna".
Además, Bulnes acusaba de malversación de fondos al encargado de la venta del
canon de 1769, Blas Martín Lobo, quien había sido nombrado por Casimiro de
Angulo. A Blas Martín lo consideraba deudor de más de 13.700 reales que
faltaban por entregar a la Hacienda y cuya responsabilidad recaía directamente
sobre el subdelegado. Por
otra parte, se decía que los colonos incumplían las disposiciones legales bajo
las cuales se planteó el proyecto. Según Bulnes, ello suponía la existencias
de prácticas fraudulentas. A algunos colonos los acusaba de disfrutar de varias
suertes a la vez bajo la apariencia de estar éstas a nombres de familiares
suyos; a otros, de residir en otros pueblos, lo que contravenía la exigencia de
que la familia entera habitase en la dehesa, si bien en este último caso se
admitía la razón aducida por los colonos de que allí carecían de
posibilidades para "el remedio una enfermedad o casual accidente por falta de
aquellas medicinas indispensables", pues "en estos casos no pueden quedar a
la contingencia, la cual no podría excusar si allí viviesen por la gran
distancia que hay en las casas". A otros colonos, por último, los acusaba de
no limitarse a sembrar la mitad de la tierra para dejar descansar la otra mitad. Todos estos hechos, sin embargo, podrían considerarse indicadores de las
dificultades de supervivencia de la nueva población, que no podía hacer frente
a la relativa escasa calidad de las tierras, lo cual obligaba a sembrarlas cada
año en su totalidad, con lo que se tendía a su progresivo agotamiento. Esta
tendencia, además, no podía ser compensada con los beneficios de la explotación
pecuaria, que estaba ceñida a un corto terreno.
En esta circunstancia no es extraña la afirmación de Bulnes según la cual
"todo aquel colono a quien se ciñó a su suerte, conforme a lo
determinado, solo ha subsistido en la población un año; cero el que dos,
siendo forzoso oponer otro en su lugar, a quien ha seguido igual fortuna".

En conclusión, se proponía la vuelta de las dehesas a a "feliz situación
que antes tenían". Así, en otro informe, fechado el 13 de octubre de
1772, el propio Cabildo de Sevilla solicitaba al rey Carlos III la restitución
de las dehesas de Prado del Rey y Armajal "al pie en que estaban antes de un
proyecto que ha producido efectos contrarios a los que se prometían", y
aconsejaba el desalojo de todos los colonos, incluidos aquellos que sí hubiesen
cumplido las condiciones establecidas (si bien, mediante indemnización)
-rectificando de este modo una propuesta anterior según la cual éstos podrían
seguir disfrutando de sus suertes-. La experiencia del fracaso de otras dos
colonias de los propios de Sevilla, "Tablada" y "Tabladilla", parecía
estar presente en estos argumentos. En "Tablada" y "Tabladilla" se habían
repartido dos fanegas de tierra a cada bracero, pero "este método -creía
el Cabildo- ha contraído un perjuicio tan grave, como se patentiza en el
despreciable valor de 8.610 reales y 24 maravedíes, que consta tuvieron después
muchas penalidades en su recobro, provenido (sic) de la suma infelicidad de esta
clase de gente,, porque carecen de toda proporción para labor y cultivo de las
tierras". En consecuencia, el Cabildo ordenó el cese del reparto, con lo que
eso terrenos volvieron a ser arrendados como antes de la donación.
Aún en 1772, un informe de los contadores mayores del Cabildo sevillano, Juan
José Bulnes y Bernabé Rodríguez de Sedano, hablaba del hecho de que sólo
cuatro colonos de la dehesa de Armajal y 17 de la de Prado del Rey habían
cumplido con la obligación de sembrar la mitad de sus terrenos.
Así pues, los negativos resultados económicos de los primeros ejercicios y el
incumplimiento, por parte de los colonos, de las condiciones establecidas para
la nueva población fueron los dos argumentos utilizados por Bulnes, para quien
"la experiencia acredita los graves y extraordinarios perjuicios que sufren en
esto los caudales públicos, hallándose con muchas largas y acreedores de
justicia, que cada día van legitimando sus acciones, a quien no se les ha
satisfecho por falta de fondo que se van verificando menos con las nuevas
pensiones, y el despojo de estas dos importantes fincas".
En su informe dirigido al rey, fechado el 13 de octubre de 1772, el Cabildo
sevillano recapitulaba acerca de los antecedentes de todo el proceso de
establecimiento de los nuevos colonos y de las críticas efectuadas por Bulnes.
Según el Cabildo, la Junta creada por el rey para una nueva administración de
los propios y arbitrios resolvió "sin comunicárselo a la ciudad" poner en
práctica el proyecto de seis dehesas, no consiguiéndose en cuatro de ellas
"por más diligencias que dispuso su activo deseo", y verificándose sólo
en Armajal y Prado del Rey. Pero aún en éstas "no tuvo lugar enteramente,
por ser menos aptas para la agricultura que (para) la cría de ganados con sus
pastos y abundante fruto de bellota, cuyos incentivos abrigaron algunas gentes,
las cuales desde luego con pretexto del descuajo comenzaron a utilizarse de la
arboleda de sus suertes respectivas; extendiéndose después a parajes que aún
hoy no están repartidos". Y así, en el año 1770 "dudosa la Junta
-continuaba el texto- se le citó por la variedad de noticias que recibía y
creyendo ya tiempo de recoger el canon acordó enviar al contador más antiguo
de la ciudad, don Juan Joseph Bulnes, en quien justamente confiaba" para
informarle "del verdadero estado de todo". "A pesar de las
oposiciones en contra para evitar tomar el conocimiento necesario del pie sobre
que estaban las cosas -proseguía el memorándum-, adquirió el suficiente
para gobierno de la Junta dar una idea del deplorable estado de las dehesas y
confirmar lo que se tenía entendido por diversas partes de aquella población
imaginaria". La Ciudad de Sevilla manifestaba haber esperado "a ver si
producía el tiempo alguna de las utilidades con que el proyecto lisongeó",
pero ante los constantes desengaños, se creía en la obligación de recurrir al
Consejo.

Podría
pensarse que no fue casual ni única esta crítica al proyecto colonizador. Así,
Defourneaux expone cómo "la creation des nouveaux centres de peuplement
suscitait des resistences analogues à celles que rencontrait Olavide dans les
Nouveaux Établissements de Sierra Morena et d'Andalousie. Elles venaient des
grandes propiétaires habitués à louer à la ville, dans des conditions
avantageuses, les dehesas qui venaient d'être aliénées au profit des
pelentrines". En este sentido, el proyecto encontró la oposición de los
grandes propietarios de la zona, acostumbrados a arrendar las tierras en
condiciones muy ventajosas. Pero, según Defourneaux, "le plus dangereux
adversaire du nouvel établissement est la Commission des Domaines elle-même,
qui, après avoir donné un acord unanime à sa creation, fait tout ce qu'elle
peut pour la faire échouer". Según el hispanista francés, en realidad
Bulnes hubo de luchar entre el mandato de la Junta y su propio sentimiento, que
era favorable al plan de Olavide, hasta el punto de llegar a ser en lo sucesivo
un hombre de confianza del asistente. Además, en mayo de 1774 el propio Bulnes
escribió a Olavide indicándole que los trabajos agrícolas proseguían en las
dos dehesas de forma satisfactoria. |